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Hablar de ANTHRAX es hacerlo sobre una de las bandas más míticas e importantes de la historia del Thrash Metal que, junto a otros grandes como METALLICA, MEGADETH o SLAYER han escrito las páginas más doradas del género, especialmente en la década de los 80, gracias a discos como el que hoy nos ocupa, “Persistence of Time”. Pero si algo les diferenciaba de sus compañeros era un estilo tan personal, desenfadado y original que abrazaba sin pudor a mundos tan dispares como el del Rap o el Hardcore.

Casi tres décadas han pasado ya de la publicación del álbum que, junto a “Among the Living”, está en mi top personal y en el de mucha gente de la discografía de los neoyorquinos . Además fue el último trabajo de la formación más clásica antes de que Joey Belladonna abandonara (o le echaran de) el barco y optaran por nuevos sonidos e influencias en el posterior “Sound of White Noise” ya con John Bush a la voz. No es casual que se publicara en los 90 y marcara ese punto de inflexión que dejaba atrás una irrepetible década para la historia del Heavy Metal en general.

El segundero aceleraba el ritmo para dejar paso a una tormenta eléctrica que se desataba al compás de “Time”. Un corte machacón, pesado, denso, puro ANTHRAX, con la batería de Charlie Benante retumbando a través del altavoz con la infinita complicidad de su escudero Frank Bello al bajo. Una de mis parejas favoritas a la sección rítmica de ayer, hoy y siempre. No es un tema fácil pero es imposible no soltarse la melena (el que la tenga) y entregarse al headbanging más primario en su poderoso estribillo o su glorioso a la par que breve solo de guitarra.

¿Alguna banda de Thrash Metal sería capaz de componer una canción como “Blood”? Sólo ellos. La contundencia del Metal, el groove del Rap, riffs que solo pueden salir de la imaginación de un talento tan suyo y tan personal como el que tiene Scott Ian y con el propio Bello rapeando como si de PUBLIC ENEMY se tratara. Nunca se han dejado llevar por las ataduras del género al que pertenecían y ahí reside parte del gran encanto que siempre han tenido.

En esto que llegamos a uno de los grandes éxitos de los americanos con “Keep It in the Family”, todo un ejemplo de cómo una guitarra eléctrica puede cortar como una afilada cuchilla de afeitar (¡Gracias otra vez Ian!) y como son capaces de ejecutar una base rítmica que juega con virtuosismo y vistosidad entre la aceleración y la desaceleración, algo que está al alcance de muy pocos y que el quinteto convirtió en marca registrada. ¡Qué cañonazo!

“In My World”, ¿Qué puedo decir de ella? Hasta donde la memoria me alcanza el primer tema que escuché de la banda, grabándose a fuego en mi interior y que, aún hoy, sigue siendo mi favorito absoluto de toda su discografía. No le sobra un acorde, un compás, un verso, un estribillo, todo funciona a la perfección. ¡Y de qué manera! Imposible no cantar ese estribillo mientras te destrozas las cervicales o no gozar del delicioso solo de guitarra del pequeño gran Dan Spitz. Intensidad pura y dura.

Pero no todo van a ser composiciones de fácil escucha y digestión, y sino que se lo digan a “Gridlock”. Violenta, agresiva, una apisonadora sonora ruidosa de la que es difícil escapar y no sucumbir a su oscuro encanto. Un ejemplo de Thrash Moderno que dejaría al tan celebrado Grunge de la época a la altura del betún. Señores y señoras. Esto es ANTHRAX en estado natural y no se aceptan imitaciones.

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La instrumental “Intro to Reality” marcaría el punto de inflexión del álbum, un interludio en el que los músicos dejarían patente, una vez más, el inconfundible e incontestable dominio de sus instrumentos dejando latir de una forma más evidente su vertiente más melódica sin renunciar a la velocidad y a la potencia eléctrica que les son inseparables.

Y ahí se funde el arranque de la descomunal “Belly of the Beast”, otro de los grandes éxitos de este “Persistence of Time” y que más huella ha dejado con el paso del tiempo. Aquí se fusionan a la perfección todas las señas de identidad de la banda, agresividad, melodía, velocidad, cambios de ritmo, y un Belladonna en su mejor estado de forma. Hay ocasiones en las que se alinean las estrellas y para este disco debió ocurrir porque sino no encuentro otra explicación a tal estallido de creatividad, calidad y madurez compositiva y sonora. ¡Ojito al estribillo!

Si hay que incluir alguna versión en un trabajo tan redondo como este, un tema que no es de cosecha propia, que sea con el cachondeo, calidad y contundencia de un “Got the Time” de JOE JACKSON que han hecho propio. Un puñetazo metálico que reinventa un tema NEW WAVE con un sello tan personal que no está a la altura de cualquier músico. Mucho más que un cover para el que no pasan los años.

Quizás es cierto que se baja el nivel con “H8 Red” pero no es menos cierto que mantener el nivel tan excelso logrado hasta entonces no es precisamente fácil, ni incluso para ellos. Pero con las repetidas escuchas se acaba apoderando de nuestra atención, con esos “Do I Hate You?” constantes de Belladonna, el sucio solo de guitarra de Spitz y esa colección de riffs que Ian sabe regalarnos en la mayoría de sus composiciones.

La verdad es que “One Man Stands” no es una de esas grandes canciones que cualquier aficionado a la banda o al género nombraría de buenas a primeras, pero es una de esas canciones imprescindibles para que un gran disco se convierta en una obra maestra más allá de sus singles y elegidas que han quedado para la historia. Cañera, pegadiza y con el 100% del ADN de los neoyorquinos con Bello y Benante haciendo de las suyas.

Para acabar el álbum por todo lo alto nada mejor que “Discharge”, toda una demostración de músculo, de velocidad agresiva bien entendida y de intensidad que fusiona estilos e influencias como pocas siempre bajo el filtro que ocasiona la termomix metálica de nuestros protagonistas. Un gran broche para cerrar uno de los mejores discos de la historia del Heavy Metal.

Poco más que añadir de “Persistence of Time” y de ANTHRAX, un grupo diferente y muy especial que es imprescindible para entender la historia del Thrash Metal y que parece estar viviendo una segunda juventud en la actualidad. Hay obras a las que, como al buen vino, el paso del tiempo les sienta de maravilla y nos este nos permite saborearlo de forma única. El tiempo amigos…

Nota: 9/10

Discográfica: Island Records

Texto: Lluís “DiMu” García

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La banda rockera de Pensilvania, Halestorm, vuelve a la actualidad con el lanzamiento de su nuevo álbum de estudio “Vicious”, el cuarto ya en su carrera, y que de alguna forma recupera parte de la esencia más eléctrica, potente y rebelde que pareció menguar en su anterior obra.

De esta forma se mantienen fieles a su propio estilo que tan buenos resultados les dio en su segundo trabajo, el fantástico “The Strange Case of…”, y que tras su posterior “Into the Wild Life” hizo que algunos seguidores se sintieran algo decepcionados con su sonido más comercial, a pesar de contener grandes canciones.

Parece que tras su habitual periodo de tres años entre lanzamientos discográficos, la tercera entrega de su “ReAniMate: The CoVeRs eP” les ha sentado de maravilla. En ella rendían tributo a grupos tan dispares como Whitesnake, Metallica o Twenty One Pilots, poniéndoles las pilas de cara a su nuevo episodio.

Y así llegamos a “Vicious”, con la mejor versión de los hermanos Hale, con la dinámica y enérgica voz de Lzzy al frente y la pegada a la batería de Arejay recuperada para la causa. La banda suena compacta, fuerte y melódica, gracias a las doce composiciones que forman el cuerpo de este nuevo trabajo.

“Black Vultures” comienza como toda una declaración de intenciones, con Lzzy mostrando su rango más desgarrador y con unos riffs muy densos y pesados que culminan en un estribillo marca de la casa en el que la melodía y la pegada se dan de la mano. Sin embargo en “Skulls” experimentan con las tesituras más pop que coquetean con la rabia más rockera. Como si Britney Spears se rasgara las vestiduras y se soltara la melena.

La vena más punk y macarra la marca la rápida base rítmica de la batería de Arejay y el bajo de Josh Smith en “Uncomfortable”, con su rabia más visceral y directa no exenta de ciertos matices más cálidos en su tramo final. Las líneas más comerciales aparecen de nuevo con “Buzz”, con una Lzzy increscendo en perfecta compañía y sintonía con los guitarrazos de Joe Hottinger y de ella misma durante su machacón estribillo.

https://youtu.be/taanowedKoY

Las armonías parecen flotar durante “Do Not Disturb” a través de las líneas rítmicas del bajo de Josh y la juguetona e intensa voz de Lzzy que da paso a un corto pero poderoso solo de guitarra. Como buenos americanos recogen la influencia más country en “Conflicted” y la pasan por su propio filtro que han ido depurando con el paso de los años. Y que cada vez nos suena mejor.

Una de mis favoritas es sin duda “Killing Ourselves to Live”, que ya se apodera de nuestra atención en la primera escucha. Una perfecta combinación de melodía y agresividad, con unas guitarras deliciosas y un estribillo tan sencillo como pegadizo. Su lado más suave viene firmado por la emotiva esencia acústica de “Heart of Novocaine”, un precioso corte en el que se pueden apreciar todas las texturas vocales de Lzzy que van creciendo a lo largo del mismo. Una gran muestra de todo su poderío al micrófono.

La electricidad ataca de nuevo al compás de “Painkiller” y sus afilados y pesados riffs de guitarra que aportan músculo a la composición. Son en estos temas en los que la parroquia más afín a su faceta más metalera encontraran su mayor satisfacción. Innegable es el groove de “White Dress”, de inclasificables cambios rítmicos y con ciertos coqueteos electrónicos que parecen entenderse francamente bien con su columna más eléctrica bajo el compás de la batuta del señor Arejay.

“Vicious” es el corte que da titulo al disco y reúne todos los ingredientes que hace de este grupo una receta única. De nuevo la base rítmica se lleva el gato al agua, explotando a niveles melódicos en su acertado estribillo que te invita a cantarlo una y otra vez, desatando una locura controlada en su tramo final. La tormenta perfecta antes de la deliciosa “The Silence” en la que la emotiva y rota voz de Lzzy vuelve a brillar con luz propia. Un broche final perfecto.

Para todos aquellos que habían perdido la esperanza con su anterior trabajo, “Vicious” demuestra, una vez más, el increíble potencial y la frescura que poseen Halestorm, recuperando su faceta más eléctrica pero experimentando con sonoridades que enriquecen aún más su propuesta. La voz de Lzzy Hale sigue sorprendiendo por su capacidad camaleónica y estamos contando los días que faltan para que llegue Octubre y les tengamos de nuevo encima de nuestros escenarios, y es que cinco años tras su ultima visita son ya demasiados.

Nota: 8/10

Discográfica: Atlantic Records

Texto: Lluís “DiMu” García

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A estas alturas es obvio que hablar de Primal Fear es hacerlo de una de las bandas más sólidas y contundentes del panorama actual del heavy metal, por mucho que no estemos acostumbrados a ver su nombre en lo más alto de los festivales del género o llenar grandes recintos.

Pero ahí están. Unos guerreros del acero que llevan bajo este nombre dos décadas de trabajo insaciable pero que ya eran viejos conocidos antes de meterse en esta andadura. Y es que la veteranía es un grado, y sino que se lo digan a Ralf Scheepers (ex – Gamma Ray), que sonó con mucha fuerza en su día para supliar a Haldford en Judas Priest, o a Mat Sinner (Sinner).

Ya lejos queda su debut con su disco homónimo a finales del pasado siglo, y a pesar de que los tiempos cambian, así como las modas o las tendencias, hay cosas que se mantienen intactas. Y Primal Fear es una de ellas. Y es que si tienes el secreto de la Coca-Cola y esta te funciona para que vas a cambiarlo.

Que nadie espere encontrar en este “Apocalypse”, el duodécimo disco de estudio de los germanos, algo nuevo o que les sorprenda. Ni falta que hace. Lo que tenemos aquí son una serie de nuevos cañonazos de heavy metal de la vieja escuela, con un toque de agresividad y mucha melodía, que vuelve a recoger todos los elementos que mejor definen el sonido de la banda.

Por cierto, no me gustaría comenzar esta crítica sin destacar la espectacular portada que le preside, sin inventar nada nuevo pero reflejando a la perfección la fuerza y la energía que atesoran las composiciones escondidas en su interior. Y pocas formas más épicas hay de comenzar un disco de estas características que con una introducción como “Apocalypse”.

“New Rise” es un autentico cañonazo de heavy metal. Rápido, agresivo y con un estribillo marca de la casa. Una mezcla de los Judas Priest de “Painkiller” y “Jugulator”, con unos riffs de guitarra que no dejan tregua a cargo de sus tres espadas: Alex Beyrodt, Magnus Karlsson y Tom Naumann. Aunque para riff el que nos acompaña durante prácticamente todo “The Ritual”, más denso y oscuro y con la aguda voz de Scheepers poniendo la guinda. Eso sí, vemos la claridad de la luz en un precioso solo de la vieja escuela al más puro estilo power.

El primer sencillo del álbum es el siguiente en sonar bajo el nombre de “King of Madness”. En esta ocasión las revoluciones bajan, otorgándonos algo más de tregua, con una base muy melódica y un estribillo muy resultón. Una de las futuras imprescindibles en sus shows con toda seguridad. Pero tranquilos, que el headbanging está de vuelta con “Blood, Sweat & Fear”, en esa mezcla tan particular que tienen de recoger la intensidad del heavy más clásico (¡esas guitarras!) y las melodías tan netamente power.

La voz de Scheepers aporta un color muy especial a los temas más pausados o incluso a las baladas, y en “Supernova” no es precisamente una excepción. Una estructura increscendo siempre bien escudada por los arreglos de teclados y unas líneas armónicas de guitarra que le añaden una emotividad que abraza los tonos vocales más cálidos. “Hail to the Fear” juega inteligentemente sus cartas, con un compás muy marcado y pesado en el que la base rítmica imprimida por el bajo de Sinner y la batería de Francesco Jovino juegan un papel fundamental, explotando con fuerza y melodía en su efectivo estribillo.

La maquina no se detiene con “Hounds of Justice”, otra de esas canciones que sirvieron de aperitivo al álbum y en la que Scheepers vuelve a demostrar la cantidad de rangos vocales que es capaz de dibujar. Otro puñetazo de metal encima de la mesa. Vuelven a abrazar la velocidad con ese arranque que tanto me recuerda a la mejor versión de Iced Earth y con un estribillo nuevamente de lo más pegadizo, acompañado de unos coros que aportan un punch muy agresivo en contraste con las notas tan altas que su vocalista es capaz de alcanzar.

No os voy a negar lo mucho que disfruto de sus composiciones más extensas, y es que con “Eye of the Storm” me sucede lo mismo que con “We Walk Without Fear” de su anterior trabajo, “Rulebreaker”. Consiguen dar en la tecla para tocar la fibra más sensible, épica y, por que no, sinfónica, de su poderoso heavy metal. Un tema de tempo lento pero seguro, instrumentalmente impecable y vocalmente sobresaliente. De lo mejor del disco sin duda. Y con “Cannonball” ponen punto y final a su nuevo trabajo, a lomos de su vertiente más habitual con la dupla Sinner-Jovino llevando el timón y con las cuerdas Beyrodt-Karlsson-Naumann completamente afiladas para el ritual.

Si os hacéis con la versión deluxe podréis disfrutar de tres canciones más. El primero de ellos es “Fight Against All Evil”, otro de esos cortes a medio tiempo en los que resalta las melodías de la guitarra y su estribillo. “Into the Fire” guarda un similitud más que evidente al “Turbo Lover” de Judas Priest, mientras que “My War is Over” es una preciosa balada de sabor puramente ochentero.

Son muchos los factores que hacen que por mucho que pasen los años la fórmula de Primal Fear no se agote. La producción del propio Mat Sinner hace que la banda suene exactamente como tiene que sonar, con la inimitable y espectacular voz de Ralf Scheepers al frente, y con un trio de guitarras de alto nivel que enriquecen cada una de las composiciones que firman. Si a eso le sumamos el brillante trabajo que realiza en el estudio Jacob Hansen (Amaranthe, Avantasia, Cyhra, Epica, Volbeat, etc.) pues no es de extrañar el resultado final.

Nada más ni nada menos que esto es “Apocalypse”, una nueva demostración del excelente heavy metal que destilan los germanos Primal Fear por todos y cada uno de sus costados y que hará las delicias de toda la legión de fieles seguidores que tienen tras de si. Un nuevo y excelente capítulo que añadir a sus extensas memorias y que en apenas un par de meses tendremos la ocasión de ver como suenan en directo gracias a la gira que pasará por nuestro país.

Nota: 8.5/10

Discografica: Frontiers Music

Texto: Lluís “DiMu” García

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Tras prácticamente dos décadas de historia a sus espaldas y un par de discos, nos llega el nuevo trabajo de los madrileños OTRA CARA bajo el nombre de “El Valor del Tiempo”. Un notable trabajo de Metal Rock Alternativo de rasgos melódicos compuesto de diez cortes que dejan claras las intenciones y potencial de la banda.

El disco arranca con el tema que le da título, “El Valor del Tiempo”, muy representativo de su sonido gracias a la contundencia instrumental marcada especialmente por los afilados riffs de sus guitarras, Raúl y Javier Medina, y la potencia melódica del registro vocal de Jesús Pina. No cambian el rumbo en “Ser Real”, canción elegida para darle vida en forma de videoclip, una acertada carta de presentación.

Las armonías melódicas se apoderan de la esencia de “Todo Lo Que Soy”, especialmente en esos emotivos dibujos de seis cuerdas y la carga emocional que imprime Jesús al corte.

“Súcubo” posee esos ritmos electrónicos tan habituales en el género y que tan bien se funden con la esencia eléctrica de estas bandas, que fácilmente puede recordar a las propuestas de nombres como SÔBER o SKIZOO.

En “Charlie” llevan las riendas la poderosa base rítmica formada por el bajo de Pablo Steiner y la batería de Fran Carella, al igual que en “Retroevolución”, que encuentra su punto álgido en un logrado estribillo y una intensidad increscendo en la que la delicadeza de su piano juega un papel fundamental. No nos alejamos de esos valores en “Sonrisas y Lágrimas”, que con un aporte más metálico podría encajar perfectamente en la discografía de INMUNE.

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Nos vamos acercando al final del compacto con “Nunca Olvides”, un tema muy pegadizo y que, de nuevo, se mueve entre los martes de la melodía y la contundencia. “Semilla” nos ofrece destellos de esa velocidad, cambios de ritmo y emotividad desatada que me evoca a algunas de las composiciones y, sobretodo, la esencia de bandas como ROMANTHICA, con un deje vocal por parte de Jesús Pina muy cercano al de David Gohe.

Con la llegada del “Invierno”, plagado de fuerza, se pone el punto y final a un disco notable, que se deja escuchar de forma muy satisfactoria, y que demuestra las tablas de los madrileños, que aún están por explotar de forma definitiva en la escena.

Nota: 7/10

Texto: Lluís “DiMu” García

Discográfica: Warner Music / Duque Producciones

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Con apenas cuatro años de historia en su bagaje pero ya con un EP y un par de discos a sus espaldas, MEGARA nos presenta su nuevo trabajo “Aquí Todos Estamos Locos”, confirmando que su irrupción y ascenso en la escena rockera y metálica de este país no es fruto de la casualidad ni de la suerte.

Trabajo, dedicación y, sobretodo, mucha pasión por lo que hacen, es el gran secreto de su éxito. Fucksia Metal, como ellos mismos se definen, de calidad, talento, melodía y energía, que les ha llevado a abrir para bandas tan importantes (y dispares) como THREE DAYS GRACE o ANTHRAX, presentando su nuevo disco por todo lo alto en un abarrotado Teatro Barceló de Madrid.

El disco arranca con mucha fuerza, como no podría ser de otra forma, a ritmo de “Más Que Una Leyenda”, en el que apenas un puñado de compases nos bastan para percibir esa personal mezcla de estilos que van de lo metálico a lo electrónico, con una Kenzy moviéndose con soltura entre los registros más dulces y más agresivos. Marca de la casa. Ardua tarea no dejarse llevar por la pegadiza melodía de “Enredados”, con los guitarrazos de Rober formando pareja de pista con los destellos más bailables de una cuidada producción a cargo de Kyle Odell, dejando su sello que sino fuera por la falta de guturales podría recordar en esencia a los propios MOTIONLESS IN WHITE.

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Y en eso que llega “Bienvenido al Desastre”, un cañonazo que pone de manifiesto el estado de gracia en la que se encuentran estos cuatro músicos. Un estribillo que golpea fuerte, unos riffs de lo más agresivo en su tramo final y un videoclip tras el que se esconde mucho curro y que tiene una puesta en escena maravillosa, así que sino lo habéis visto todavía ya estáis tardando. Uno de los cortes imprescindibles del compacto sin duda alguna.

En “Almas” dan rienda suelta a su vertiente más comercial, sensible pero intensa, abrazando las sonoridades más suaves antes de que la voz de Kenzy explote definitivamente en un estribillo de esos que te dejan el alma a flor de piel y con Rober regalándonos un corto pero emotivo solo de guitarra, de esos que en ocasiones echo en falta en sus temas. Una carta ganadora para sus directos.

Hay que ver lo bien que entra “Arrástrame al Infierno” y su esencia metálica que tan bien sabe jugar con los efectos y los sintetizadores, aportando multitud de matices a un sonido que resulta muy enriquecido. La esencia del trabajo de Carlos Escobedo de SÔBER a la producción vocal resulta fácilmente palpable en los registros de Kenzy, a la que le sienta como anillo al dedo y hace completamente suyo. Luces y sombras, alivio y dolor, que son ya seña de identidad en lo lírico y lo musical de la banda madrileña. Siguen a lo suyo en “El Hombre de Arena”, en la que no dejan nada al azar, todo está cuidado y mimado al detalle, y firman un nuevo estribillo peligrosamente pegadizo, emotivo y sentido, impregnando de un sincero desnudo todas y cada una de sus palabras.

Volvemos a los terrenos más cercanos a estilos como el Modern Metal o el Metalcore, gracias a esos pasajes tan industriales, con los riffs durísimos de la guitarra de Rober, y una potente e imponente base rítmica ejecutada sin piedad, respectivamente, por el bajo y la batería de Pablo y Pol DQ, solo calmada por la dulzura de los bellos tonos de Kenzy antes de desatarse como si fuera el mismo Molly de HAMLET. Vuelven a vaciarse emocionalmente, saltando al vacío, en “Cuenta Atrás”, con un tempo más pausado y totalmente huérfano de artificios, fruto de un empaque sonoro simple, directo y alejado de virtuosidad. ¡Y qué bien les funciona!

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Damos prácticamente por cerrado el álbum a ritmo de “Esclava del Aire”, al menos en lo que a composiciones originales respecta, dejándonos como despedida un tema contundente, de sabor metálico y afilados versos, que forma un conjunto cíclico respecto al primero de ellos. Y como regalo final ahí tenemos su personal versión en castellano de la mítica “Billie Jean” del malogrado MICHAEL JACKSON, que saben llevar a su propio registro sin perder un ápice de su esencia, como ya hicieran anteriormente con la preciosa “Wings” de la cantante y compositora inglesa BIRDY. Una pequeña y agradable sorpresa.

MEGARA siguen marcando a fuego una intachable evolución, con un crecimiento y madurez espectacular desde aquel EP “, Muérase Quien Pueda”, con el que nos sorprendieron poco antes de agitar la escena nacional con el lanzamiento de su impecable álbum debut, “Siete”. “Aquí Todos Estamos Locos” no hace más que confirmarles como uno de los mayores diamantes en bruto (o quizás ya no) de nuestro país, firmando el que ya es, sin duda, uno de los discos del año.

Tan sólo una pega, y es que la poco más de media hora de duración de éste hace que se nos escape en un suspiro aunque, por suerte, lo podremos disfrutar una y otra vez ya que apenas nos concede un instante de respiro. Bendita locura, que podremos ver encima de un escenario en apenas un mes junto a AVATAR y a KILLUS en varias ciudades de la geografía española. Yo de vosotros no me lo perdería. Avisados estáis.

Nota: 9/10

Lluís “DiMu” García

Discográfica: Autoproducido

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