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A estas alturas es obvio que hablar de Primal Fear es hacerlo de una de las bandas más sólidas y contundentes del panorama actual del heavy metal, por mucho que no estemos acostumbrados a ver su nombre en lo más alto de los festivales del género o llenar grandes recintos.

Pero ahí están. Unos guerreros del acero que llevan bajo este nombre dos décadas de trabajo insaciable pero que ya eran viejos conocidos antes de meterse en esta andadura. Y es que la veteranía es un grado, y sino que se lo digan a Ralf Scheepers (ex – Gamma Ray), que sonó con mucha fuerza en su día para supliar a Haldford en Judas Priest, o a Mat Sinner (Sinner).

Ya lejos queda su debut con su disco homónimo a finales del pasado siglo, y a pesar de que los tiempos cambian, así como las modas o las tendencias, hay cosas que se mantienen intactas. Y Primal Fear es una de ellas. Y es que si tienes el secreto de la Coca-Cola y esta te funciona para que vas a cambiarlo.

Que nadie espere encontrar en este “Apocalypse”, el duodécimo disco de estudio de los germanos, algo nuevo o que les sorprenda. Ni falta que hace. Lo que tenemos aquí son una serie de nuevos cañonazos de heavy metal de la vieja escuela, con un toque de agresividad y mucha melodía, que vuelve a recoger todos los elementos que mejor definen el sonido de la banda.

Por cierto, no me gustaría comenzar esta crítica sin destacar la espectacular portada que le preside, sin inventar nada nuevo pero reflejando a la perfección la fuerza y la energía que atesoran las composiciones escondidas en su interior. Y pocas formas más épicas hay de comenzar un disco de estas características que con una introducción como “Apocalypse”.

“New Rise” es un autentico cañonazo de heavy metal. Rápido, agresivo y con un estribillo marca de la casa. Una mezcla de los Judas Priest de “Painkiller” y “Jugulator”, con unos riffs de guitarra que no dejan tregua a cargo de sus tres espadas: Alex Beyrodt, Magnus Karlsson y Tom Naumann. Aunque para riff el que nos acompaña durante prácticamente todo “The Ritual”, más denso y oscuro y con la aguda voz de Scheepers poniendo la guinda. Eso sí, vemos la claridad de la luz en un precioso solo de la vieja escuela al más puro estilo power.

El primer sencillo del álbum es el siguiente en sonar bajo el nombre de “King of Madness”. En esta ocasión las revoluciones bajan, otorgándonos algo más de tregua, con una base muy melódica y un estribillo muy resultón. Una de las futuras imprescindibles en sus shows con toda seguridad. Pero tranquilos, que el headbanging está de vuelta con “Blood, Sweat & Fear”, en esa mezcla tan particular que tienen de recoger la intensidad del heavy más clásico (¡esas guitarras!) y las melodías tan netamente power.

La voz de Scheepers aporta un color muy especial a los temas más pausados o incluso a las baladas, y en “Supernova” no es precisamente una excepción. Una estructura increscendo siempre bien escudada por los arreglos de teclados y unas líneas armónicas de guitarra que le añaden una emotividad que abraza los tonos vocales más cálidos. “Hail to the Fear” juega inteligentemente sus cartas, con un compás muy marcado y pesado en el que la base rítmica imprimida por el bajo de Sinner y la batería de Francesco Jovino juegan un papel fundamental, explotando con fuerza y melodía en su efectivo estribillo.

La maquina no se detiene con “Hounds of Justice”, otra de esas canciones que sirvieron de aperitivo al álbum y en la que Scheepers vuelve a demostrar la cantidad de rangos vocales que es capaz de dibujar. Otro puñetazo de metal encima de la mesa. Vuelven a abrazar la velocidad con ese arranque que tanto me recuerda a la mejor versión de Iced Earth y con un estribillo nuevamente de lo más pegadizo, acompañado de unos coros que aportan un punch muy agresivo en contraste con las notas tan altas que su vocalista es capaz de alcanzar.

No os voy a negar lo mucho que disfruto de sus composiciones más extensas, y es que con “Eye of the Storm” me sucede lo mismo que con “We Walk Without Fear” de su anterior trabajo, “Rulebreaker”. Consiguen dar en la tecla para tocar la fibra más sensible, épica y, por que no, sinfónica, de su poderoso heavy metal. Un tema de tempo lento pero seguro, instrumentalmente impecable y vocalmente sobresaliente. De lo mejor del disco sin duda. Y con “Cannonball” ponen punto y final a su nuevo trabajo, a lomos de su vertiente más habitual con la dupla Sinner-Jovino llevando el timón y con las cuerdas Beyrodt-Karlsson-Naumann completamente afiladas para el ritual.

Si os hacéis con la versión deluxe podréis disfrutar de tres canciones más. El primero de ellos es “Fight Against All Evil”, otro de esos cortes a medio tiempo en los que resalta las melodías de la guitarra y su estribillo. “Into the Fire” guarda un similitud más que evidente al “Turbo Lover” de Judas Priest, mientras que “My War is Over” es una preciosa balada de sabor puramente ochentero.

Son muchos los factores que hacen que por mucho que pasen los años la fórmula de Primal Fear no se agote. La producción del propio Mat Sinner hace que la banda suene exactamente como tiene que sonar, con la inimitable y espectacular voz de Ralf Scheepers al frente, y con un trio de guitarras de alto nivel que enriquecen cada una de las composiciones que firman. Si a eso le sumamos el brillante trabajo que realiza en el estudio Jacob Hansen (Amaranthe, Avantasia, Cyhra, Epica, Volbeat, etc.) pues no es de extrañar el resultado final.

Nada más ni nada menos que esto es “Apocalypse”, una nueva demostración del excelente heavy metal que destilan los germanos Primal Fear por todos y cada uno de sus costados y que hará las delicias de toda la legión de fieles seguidores que tienen tras de si. Un nuevo y excelente capítulo que añadir a sus extensas memorias y que en apenas un par de meses tendremos la ocasión de ver como suenan en directo gracias a la gira que pasará por nuestro país.

Nota: 8.5/10

Discografica: Frontiers Music

Texto: Lluís “DiMu” García

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